Sol Palacios-Cueto González

Pérdida de la pensión compensatoria: si tu me dices ven, ¿lo dejo todo?

En la actualidad las cosas han cambiado mucho, y aunque siguen existiendo muchas dificultades para conciliar vida laboral y personal, lo cierto es que hoy en día son pocas las mujeres que abandonan sus trabajos para dedicarse en exclusiva a la familia.

Pérdida de la pensión compensatoria: si tu me dices ven, ¿lo dejo todo?

En la actualidad las cosas han cambiado mucho, y aunque siguen existiendo muchas dificultades para conciliar vida laboral y personal, lo cierto es que hoy en día son pocas las mujeres que abandonan sus trabajos para dedicarse en exclusiva a la familia. No obstante, es una realidad, que aún existen mujeres que en su día optaron por esta dedicación, en detrimento del propio desarrollo profesional, así que con el paso de los años, y habiendo puesto fin a sus matrimonios, los tribunales establecieron una cuantía mensual en concepto de compensación, ya que difícilmente podrían acceder al mercado laboral y tener sus propios ingresos.

Sin embargo, en los últimos años se está produciendo una cierta tendencia a que los Juzgados y Tribunales dictaminen la extinción de la pensión compensatoria por convivencia marital con una pareja. En principio, se supone que la convivencia es la cohabitación en un mismo domicilio, sin embargo, el Tribunal Supremo, en su sentencia de 9 de febrero de 2012, lo ha venido interpretando de una forma mucho más amplia, entendiendo que a pesar de no darse una convivencia continuada bajo el mismo techo, el hecho de que se produzcan continuas permanencias y visitas, así como encuentros públicos en establecimientos hosteleros, es reflejo de que existe una convivencia como vida marital, y en base a ello se ha dictaminado la extinción de la pensión compensatoria.

A partir de ahí se ha dado lugar a situaciones muy injustas en las que sobre todo mujeres que habían obtenido la pensión compensatoria tras un proceso de divorcio, han visto como perdían su fuente de ingresos por el mero hecho de haber rehecho su vida sentimental. De esta forma, el propio concepto de pensión compensatoria quedaría muy lejos de su significado real ya que parece ser que por el simple hecho de tener nueva pareja, y aunque no se conviva bajo un mismo techo, se corre el riesgo de perder un derecho adquirido por los años de dedicación a su anterior matrimonio. ¿Tiene que ser la nueva pareja de la mujer la que asuma la manutención y los gastos de ésta?

Es, a todas luces, una situación con ciertas connotaciones machistas, en las que impera la idea de ‘a rey muerto, rey puesto’, cuando la realidad es que la pensión compensatoria es la consecuencia de un desequilibrio económico que nació para compensar la renuncia de muchas mujeres a sus estudios y su carrera profesional en pro de su dedicación a sus maridos e hijos. Aquí un clavo no siempre saca a otro clavo y socialmente se continúa pensando que lo que le pagaba el marido debe abonarlo el nuevo.

La cuestión es: ¿Acaso estas mujeres no tienen derecho a rehacer su vida?, ¿Estas mujeres, si tienen pareja, no pueden convivir con ella?; ¿no pueden tampoco, ni tan siquiera, pernoctar varias noches a la semana?; ¿su nueva pareja tiene la obligación de paliar el desequilibro que le ocasionó su primer matrimonio?; ¿Acaso estamos hablando de que cualquier hombre tiene capacidad económica suficiente para asumir no solo sus gastos sino los de su actual pareja? y ¿qué ocurre si esta segunda pareja no tiene ingresos suficientes?

Varias décadas después de su matrimonio, incluso de su divorcio, estas mujeres se encuentran con dificultades para reintegrase en la vida laboral, y la pensión compensatoria es el ingreso que les ayuda a seguir adelante. Pero este tipo de sentencias generan una gran indefensión, y es por ese motivo que muchas mujeres deciden no rehacer su vida sentimental. Tal y como continua la canción que da titulo al presente articulo; “si tu me dices ven,…, todo cambiará”. La mujer puede verse de la noche a la mañana sin los ingresos que le permiten mantenerse. Parece que es necesario asesorarse jurídicamente antes de dejarse llevar por los sentimientos y el corazón.

Para terminar tan sólo recordar que el matrimonio, además de su versión romántica, es un contrato entre dos personas, y como tal conlleva derechos y obligaciones. Cuando se produce la ruptura del mismo, se debe aplicar el principio de justicia, regulando no solo lo relativo a los bienes y los hijos habidos durante el mismo, sino también los aspectos económicos derivados de la misma.

Escrito por

SolPalacios

Sol Palacios-Cueto González

Socio Abogado

Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y abogada en ejercicio y miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM). Abogada del Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica. Miembro de la AEAFA (Asociación Española de Abogados de Familia) Realiza Curso Superior en Derecho de Familia y Sucesiones en la Escuela […]

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